Mi tío era muy curioso, sabía hacer muchas cosas.
Carpintería rústica, pero hacia mesas, sillas, banquitos, camas, buros, todo para la casa.
Los muebles de la casa, los tenia pintados, de un modo extraño, tal vez se diría a lo mexicano, de hace mas de un siglo.
Si no, escuchen esto.
Mesa de comedor y trastero, pintados de fondo verde obscuro, con orillitas, amarillas y naranjas, las sillas, igual, pintadas así.
Y las camas, cada barrotito, eran de fierro, cada barrotito, pintado con pintura de aceite, con colores tan alegres, que iban del amarillo, naranja, verde, rojo, que hubo quien dijera, en esta casa, parece que viven solo niños aquí.
No había seriedad en esos muebles.
La seriedad, estaba en el rostro de mi tío.
Mi tío, tenía un huerto, de lo más surtido.
Tomates, del grande, y del tomatillo; calabazas, sandías, chiles, del pico de pájaro, habanero, serrano, piquin, zanahorias, que yo me comía, solo era sacarlas de la tierra, lavarlas bien, y listo.
Hay un sabor diferente, a lo que consumes, recién cosechado. A lo que compras en una tienda.
Estarán cansadas, las legumbres de tanto transporte, de tanto estar refrigeradas, por eso sabrán así, a casi moribundas.
El jardín que tenía mi tío, constaba con variedad de plantas florales.
Unas compraba en invernaderos, y otras, las conseguía en las veterinarias. Compraba unos sobrecitos, y hasta ponía, donde hacia los almácigos de esas plantitas, el sobrecito vacío, para así saber, que planta había sembrado.
Almacigo, es una porción de tierrita, donde se colocan infinidad de semillas para que germinen, y de esas plantitas, se escogerán las mas grandes y fuertes para transplantarlas, a donde será su lugar definitivo, donde estarán previstas de suficiente sol, y espacio.
Criaba pollos, patos y guajolotes.
El les hizo sus corrales, estaban de lujo, con piso de cemento, para poder lavarlos seguido.
sábado, 1 de agosto de 2009
viernes, 31 de julio de 2009
El Aguila que cae ( 2 )
Llegó mi tío en el peor momento.
Mi abuelita trabajaba en las casas.
Se iba, y le dejaba a su hija mayor, la de 12 años, el atole preparado, para que se lo diera al bebe.
Los vecinos, le contaron, que la chicuelina, se salía a jugar todo el día, traía al bebé, como si fuera un muñeco, que donde quiera lo acostaba, y cuando el hermanito lloraba de hambre, al darle su mamila, el atole, ya hacia hilos de lo agriado.
Consiguió otro trabajo, donde pudiera llevarse al bebe, era un estanquillo, de periódicos y revistas.
Ahí, lo tenía, en una caja de reja de tomate.
Mi abuelita, estaba tan necesitada de todo, que alguien le regaló ropa de niña, y a mi tío, por un tiempo, lo vistió como mujercita.
Los clientes, “chuleaban a la muñequita”.
¡Hay, que bonita, prieta, prieta, y con ese ojazos verdes!
Y si, eran grandes, verdes, aperlados, con grandes y rizadas pestañas.
Tenía su frente, unas sienes muy pronunciadas, y un cliente asiduo, un licenciado, casado y sin hijos, se lo pedía con insistencia a mi abuelita.
Le decía, para que lo quiere.
Muy apenas lo puede mantener.
¡Démelo!
Yo le daré educación, de la mejor.
Se nota en su mirada, en su frente amplia, que él es muy inteligente.
Démelo, no se va a arrepentir.
Además, usted ya tiene otros 4 hijos, 2 varones y 2 mujeres.
Sus niños al rato se casan y le darán nietos.
¡Ande! Démelo.
Pero mi abuelita no quiso.
Tuvo temor, de que se lo trataran mal.
Decía, es mío, es mi responsabilidad.
Yo cometí el error, y tengo que sacar adelante a mi hijo, el no tiene la culpa de nada.
Y mi abuelita, le dió educación, de maestro.
Con el tiempo, obtuvo 2 plazas de gobierno, de mañana y tarde.
Mi abuelita trabajaba en las casas.
Se iba, y le dejaba a su hija mayor, la de 12 años, el atole preparado, para que se lo diera al bebe.
Los vecinos, le contaron, que la chicuelina, se salía a jugar todo el día, traía al bebé, como si fuera un muñeco, que donde quiera lo acostaba, y cuando el hermanito lloraba de hambre, al darle su mamila, el atole, ya hacia hilos de lo agriado.
Consiguió otro trabajo, donde pudiera llevarse al bebe, era un estanquillo, de periódicos y revistas.
Ahí, lo tenía, en una caja de reja de tomate.
Mi abuelita, estaba tan necesitada de todo, que alguien le regaló ropa de niña, y a mi tío, por un tiempo, lo vistió como mujercita.
Los clientes, “chuleaban a la muñequita”.
¡Hay, que bonita, prieta, prieta, y con ese ojazos verdes!
Y si, eran grandes, verdes, aperlados, con grandes y rizadas pestañas.
Tenía su frente, unas sienes muy pronunciadas, y un cliente asiduo, un licenciado, casado y sin hijos, se lo pedía con insistencia a mi abuelita.
Le decía, para que lo quiere.
Muy apenas lo puede mantener.
¡Démelo!
Yo le daré educación, de la mejor.
Se nota en su mirada, en su frente amplia, que él es muy inteligente.
Démelo, no se va a arrepentir.
Además, usted ya tiene otros 4 hijos, 2 varones y 2 mujeres.
Sus niños al rato se casan y le darán nietos.
¡Ande! Démelo.
Pero mi abuelita no quiso.
Tuvo temor, de que se lo trataran mal.
Decía, es mío, es mi responsabilidad.
Yo cometí el error, y tengo que sacar adelante a mi hijo, el no tiene la culpa de nada.
Y mi abuelita, le dió educación, de maestro.
Con el tiempo, obtuvo 2 plazas de gobierno, de mañana y tarde.
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