Yo llegue en ocasiones a decirle…doña Cuquita, de donde saca usted dinero, porque tenía años de viuda, y los hijos, pues los hijos… parecía que no tenía hijos.
Doña Cuquita solo reía ante mis preguntas.
Así han de reír los Ángeles en el cielo.
A veces la vacilaba, a ver doña Cuquita, hágase para allá, mueva la silla de ruedas, para mí que la “pachocha” de dinero la tiene debajo de esa silla de ruedas.
Ahí sí que terminábamos las dos llorando de las carcajadas.
Era un misterio de donde sacaba el dinero, si hasta hubo diciembres que ofreció Posada a los chiquillos de la cuadra. Con su piñata y dulces.
Pasó el tiempo, y nunca soltó prenda.
Una mañana, muy temprano, le llevé como en otras ocasiones un vaso de atolito de masa con chocolate (champurrado) y pan, y doña Cuquita no se movía.
Estaba sentadita en su silla de ruedas, muy fría, la toque en su cuello, y la vena no le latía.
Corrí a mi casa, y le dije llorando a mi mamá… ¡mamá!, doña Cuquita ya se murió.
¡Murió solita!
Fue el forense, había que hacerle la autopsia, porque había muerto en la casa y sin testigos.
Lo que a los vecinos nos llamaba la atención, era que su rostro tenií una sonrisa muy picara, como si se hubiera ido haciendo una broma, una broma muy gorda.
Tal vez murió recordando sus travesuras de niñez, o pensando en sus tiempos de juventud.
A los hijos se les aviso, pero no llegaban.
jueves, 9 de julio de 2009
miércoles, 8 de julio de 2009
( 29 ) Libro "Más allá" (Doña Cuquita [ b ] )
Aquí en la colonia, vemos de todo.
Están los “Panchillos”, les dicen así por su padre, don Pancho; bueno, esos se cooperan y le traen las mañanitas con mariachi a su madre, todos los años.
Y todos los años, los vecinos, esperamos el colofón de esos festejos, todo el día escuchan música, en la noche bailan, se emborrachan, se pelean entre si los 8 hermanos, y terminan mentándose a la festejada de ese día.
La cual, tendrá ya horas de estar durmiendo, porque eso no le quita el sueño, como dice, si son mis hijos, ¡como no los conoceré!
Duerme feliz, porque todos sus hijos y nietos estuvieron en su casa todo el día.
Volvemos con doña Cuquita y el abandono en que la tenían sus hijos:
Al paso de los años, utilizó una silla de ruedas, y su mandado lo encargaba con las vecinas.
Pagaba todos sus gastos, si aceptaba bocaditos de las vecinas, pero la más de las veces, ella daba el dinero, para que le compraran por ejemplo un pollito, y se lo guisaran con verduras.
No era una carga para nadie.
Están los “Panchillos”, les dicen así por su padre, don Pancho; bueno, esos se cooperan y le traen las mañanitas con mariachi a su madre, todos los años.
Y todos los años, los vecinos, esperamos el colofón de esos festejos, todo el día escuchan música, en la noche bailan, se emborrachan, se pelean entre si los 8 hermanos, y terminan mentándose a la festejada de ese día.
La cual, tendrá ya horas de estar durmiendo, porque eso no le quita el sueño, como dice, si son mis hijos, ¡como no los conoceré!
Duerme feliz, porque todos sus hijos y nietos estuvieron en su casa todo el día.
Volvemos con doña Cuquita y el abandono en que la tenían sus hijos:
Al paso de los años, utilizó una silla de ruedas, y su mandado lo encargaba con las vecinas.
Pagaba todos sus gastos, si aceptaba bocaditos de las vecinas, pero la más de las veces, ella daba el dinero, para que le compraran por ejemplo un pollito, y se lo guisaran con verduras.
No era una carga para nadie.
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