Tita era muy acomedida, diríase que pecaba por exceso de solicitud, pero Emma apreciaba su ayuda, y se lo demostraba con buenos tratos y regalitos, la vestía y la calzaba, porque Tita eso y más se merecía.
La quinceañera, diremos “Lila” quería lucir preciosa en su fiesta, y un estricto régimen dietético empezó, se veía al espejo, y rubores de niña casta subían a su rostro por la satisfacción que sentía al ver su cuerpo florecer en belleza.
Llegó a decirle a su madre… ¿será pecado que me guste tanto mi cuerpo?
Riendo divertida al ver la sorpresa dibujada en el rostro de su madre, ella misma se respondió…
¡Ay mamá! Sería necia si no estuviera agradecida por los dones que la Naturaleza me ha dado.
Se alejo corriendo, a reunirse con su tía Jacinta y Tita, que por ser jovencitas como ella, pensaba que la entendían mejor que su madre.
Su mamá, ya estaba acostumbrada a sus desplantes… tú no entiendes, ¡quién como mis amigas!
Transcurrían los días alegremente en aquel hogar. Ultimando detalles para el evento.
lunes, 8 de junio de 2009
domingo, 7 de junio de 2009
( 9 ) Libro "Más allá" ( visitas [ b ] )
Hace muchos años, tantos que no recuerdo por que tiempo fué, pero yo jovencita era, en ese hogar vivían un matrimonio, con su hija próxima a cumplir sus XV años, un hijo de 3 años, y una hermana de la esposa, la cual iba a estudios profesionales, no recuerdo que era lo que estudiaba, lo que si no olvido, es que ella tendría en ese tiempo unos 20 años mas o menos.
Eran días agitados por los preparativos para la fecha especial, los ensayos del vals, elaborar la lista de invitados, ya saben, un ajetreo bullicioso.
Aquí diremos que “Emma”, (por no decir su nombre verdadero), no descansaba y su hermana, ¿como la nombraremos? Diremos “Jacinta” (por aquello de las demandas por difamación de honor), le propuso alojar en su casa a una amiga de la Facultad, que de un poblado del interior del país había llegado.
Ayudaría en el quehacer del hogar por cama y comida, claro que solo en sus ratos libres.
Emma acepto gustosa, haría una obra altruista, y si en algo ayudaba la joven, que mejor.
Habitaciones, la casa tenia de sobra.
La quinceañera, miro primero con recelo a la huésped, pero días después, ella, su tía Jacinta y Tita, que así se hacia llamar, eran grandes compañeras de compras y amigas.Emma atendiendo al esposo, cuidando al Benjamin de la casa, veía con agrado como en la casa retumbaban las risas y carcajadas de las jovencitas.
(continuará el día de mañana)
Eran días agitados por los preparativos para la fecha especial, los ensayos del vals, elaborar la lista de invitados, ya saben, un ajetreo bullicioso.
Aquí diremos que “Emma”, (por no decir su nombre verdadero), no descansaba y su hermana, ¿como la nombraremos? Diremos “Jacinta” (por aquello de las demandas por difamación de honor), le propuso alojar en su casa a una amiga de la Facultad, que de un poblado del interior del país había llegado.
Ayudaría en el quehacer del hogar por cama y comida, claro que solo en sus ratos libres.
Emma acepto gustosa, haría una obra altruista, y si en algo ayudaba la joven, que mejor.
Habitaciones, la casa tenia de sobra.
La quinceañera, miro primero con recelo a la huésped, pero días después, ella, su tía Jacinta y Tita, que así se hacia llamar, eran grandes compañeras de compras y amigas.Emma atendiendo al esposo, cuidando al Benjamin de la casa, veía con agrado como en la casa retumbaban las risas y carcajadas de las jovencitas.
(continuará el día de mañana)
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